
Foto por: nevermind this
Del 10 al 17 de diciembre hay una razón extra para buscar vuelos baratos a Konya, ciudad turca que fue capital del reino Seleúcida. Durante esa semana se desarrolla la celebración de la Ceremonia Conmemorativa de Mevlana, en la que música y baile se convierten en instrumentos para alcanzar la comunión espiritual con Dios siguiendo las enseñanzas del gran santo del sufismo: Celeddin Rumi, más conocido como Mevlana, obviamente.
Este personaje vivió entre 1207 y 1273 predicando un mensaje de tolerancia y misticismo. A su muerte fue enterrado en un mausoleo ubicado en el convento que él mismo fundara y que hoy es el Museo de Mevlana, escenario principal de estos fastos que reúnen hasta un millón de personas venidas de toda Turquía. La mayoría son musulmanes sufíes dispuestos a seguir sus enseñanzas y evocar su muerte a través de esos bailes místicos, algunos de los cuales tienen cientos de años de antigüedad, pero también hay turistas y curiosos en general que quieren disfrutar de tan curioso espectáculo.
El momento más esperado llega cuando los derviches, término que significa mendigos, hacen aparición con sus característicos atuendos. El vestuario está estrechamente relacionado con la honra funeraria de Mevlana: el color blanco, que predomina en todo el traje, se identifica con la mortaja fúnebre, mientras que el peculiar gorro cónico (kulah) representa la lápida de la tumba y la capa el ataúd. Los líderes de cada grupo de baile visten de otro color para distinguirse al hacer el papel del Sol mientras los demás derviches encarnan a las estrellas en su órbita, pues se busca estar en constante equilibrio con el Universo.
Unos y otros entran al escenario -circular, por aquello de la armonía- rodeándolo tres veces para honrar las virtudes divinas (Sabiduría, Omnipotencia y Verdad), besan la mano del jefe religioso y empiezan a interpretar las danzas. Son cuatro, alegorías de las cuatro estaciones, los cuatro elementos de la Naturaleza y las cuatro edades del Hombre, y las llevan a cabo girando sobre sí mismos una y otra vez, con los brazos extendidos logrando un bello efecto estético al expandirse los faldones de la capa en forma de paraguas.
Los derviches pueden bailar así durante minutos y minutos sin cansarse ni marearse gracias al trance místico en el que entran. Les acompaña la música tocada por un ney, flauta o instrumento de viento que recuerda las trompetas que han de sonar el día del Juicio Final, sobre una composición poética del propio Mevlana.
















