puno peru
Foto por: Paula Soler-Moya en Flickr

Una de las mayores fiestas de Perú -y de toda América del Sur- es la que Puno celebra con motivo de La Candelaria (también llamada Mamacha), que no se limita a la jornada oficial, el 2 de febrero, sino que se prolonga un considerable período entre el 24 de enero y el 12 de febrero.

Es un colosal evento, tan espiritual como animado y colorista, que combina religión con folklore, tradición cristiana con el culto precolombino a la Pachamama (diosa de la tierra y la fertilidad), habiendo sido catalogado en 2003 como Patrimonio Cultural del Perú por el Instituto Nacional de Cultura. Merecedor, pues, se una visita: la opción más cercana quizá sean los vuelos baratos a Cuzco o Arequipa.

Organizado por la Federación Regional de Folklore y Cultura, reúne a 150 agrupaciones de danza que son el alma de los festejos con sus 40.000 bailarines y 5.000 músicos. Todos con el afán de actuar ante el público, lo que a veces alarga el evento hasta que se junta con el Carnaval. Y ello a pesar de que todo empieza 8 días antes del 2 de febrero con las Novenas, celebradas tres veces diarias, para dar paso el día 1 a las llamadas Albas, en las que los estallidos pirotécnicos despiertan a la gente a las 2 de la madrugada: animados por la música y entrando en calor con ponche, se sube en procesión al santuario para una misa al amanecer.

Esa misma jornada se llevan a cabo las entradas de Cirios (la hace el matrimonio formado por el Alfero -organizador y tesorero- y su mujer con sus niños y las omnipresentes velas) y de Kapos (un pasacalles de grupos de la zona del lago Titicaca que guían, al son de tambores, llamas y burros acarreando leña para una fogata en el atrio del santuario), así como la Misa de Víspera, tras la que hay fuegos artificiales y fiesta.

El 2 de febrero es el día grande, el Día dicen allí, que comienza con una visita al cementerio para honrar a los familiares fallecidos seguida de misa y una procesión callejera con la imagen de la Virgen. En el estadio se celebra el Concurso de Danzas Autóctonas, con participación de 70 grupos ataviados espectacularmente en honor de La Candelaria que terminan subiendo también al santuario.

Una semana más tarde, siempre en domingo, con fuegos y misa, llega el Concurso de Trajes de Luces, con nuevas danzas que en sus movimientos forman figuras de palabras, candelabros, etc. La llamada Veneración consiste en una gran parada hasta el atrio del santuario para venerar, valga la redundancia, a la patrona. Y un día después llega la misa de despedida, continuando las danzas para dar la oportunidad a todos; allí están las Diabladas, Waca-wacas, Sicuris, Zampoñadas, Tinkus, etc.