oslo noruega
Foto por: Andrea Morasso en Flickr

Ya hemos comentado en otros posts que los cambios de estación suelen celebrarse con fiestas desde tiempos inmemoriales. Uno de ellos se produce el 22 o 23 de septiembre, cuando llega el equinoccio de otoño. Una fecha que en buena parte de España no resulta especialmente significativa porque el calor estival suele prolongarse casi todo ese mes, pero que en lugares del norte de Europa, como Noruega, ya significa puerta abierta al frío.

De ahí que no resulte extraño que se despida el verano y se dé la bienvenida al otoño con un evento en el que el protagonista es el fuego: una colosal procesión de antorchas. Nocturna, por supuesto, pues es en medio de la oscuridad cuando las teas consiguen alcanzar el aspecto más espectacular y efectista.

Para ello, las autoridades cortan la corriente eléctrica de las calles por donde ha de pasar la comitiva, las más representativas del centro de la ciudad lógicamente: desde Maridalsvannet hasta Vaterland, siguiendo el cauce del río Akerselva. Nada menos que un itinerario de 8 kilómetros jalonado por las llamas que portan unas 3.500 personas aproximadamente.

Lo cierto es que desfilar con antorchas encendidas ni es una exclusiva noruega -otros países escandinavos y de las islas británicas también lo suelen hacer- ni se hace sólo en esta fecha, pues es una costumbre bastante habitual despedir así el año y recurrir a este método para ambientar fiestas y eventos con un toque “mágico”.

Y si el fuego sirve para aglutinar a la gente en torno al acto, la diversión llega mediante el programa de una serie de actividades variadas que incluyen actuaciones callejeras (malabaristas, tragafuegos), espectáculos de danza y música de diferentes tipos, desde la folklórica al jazz.

Buena época, por tanto, para buscar vuelos baratos a Oslo y sumergirse en la idiosincrasia de un país fuertemente sometido a la dureza de su clima y celoso conservador de añejas tradiciones.