morelos mexico Foto por: Pop Martian

La celebración del Carnaval en México está estrechamente relacionada con otros rituales precolombinos posteriormente cristianizados, en un sincretismo que ha dejado fiestas y disfraces de lo más pintoresco. Uno de los caso extremos quizá sea el de los Chinelos, que se celebran en numerosas localidades del estado de Morelos. Cada uno tiene sus características propias pero acaso el más representativo y espectacular, por el colorido, sea el de Yautepec, aunque son interesantes también el de Tepoztlán, presuntamente una copia burlesca del anterior por rivalidad entre ambos pueblos, y el de Tlayacapán, de donde es originario.

No está claro el significado de la palabra chinelo. Parece provenir del idioma nahuatl que se hablaba en el México precolombino con el término zineloquie, pero otras cosa es su traducción que algunos ponen en “disfrazado” y otros en algo así como “meneo de cadera”. En cualquier caso ambas versiones hacen referencia a los dos elementos más destacados de los Chinelos: el traje y el baile. El primero consta de un ropaje largo, una máscara de rasgos blancos con barba picuda y un peculiar sombrero cónico que recuerda a los chacós decimonónicos, probablemente porque se adoptó entonces. En cuanto a la danza, se llama el Brinco porque se basa precisamente en saltar con las puntas de los pies dejando suelto el resto del cuerpo.

Normalmente se baila por la tarde, tomando como señal de partida el enarbolamiento de banderas que hacen dos chinelos. Entonces las distintas comparsas empiezan a procesionar hacia la plaza principal del pueblo al ritmo musical que marcan tambor, platillos y flautas. Una vez reunidos todos el lanzamiento de un cohete determina el comienzo de los brincos, que durará horas. Estos saltos, dice la leyenda, conmemoran la alegría de los tlahuicas al descubrir el Valle de México tras su largo peregrinar en busca de tierras donde establecerse y que ya se celebraría en tiempos prehispánicos a través de los axcatzitzintin, palabra traducible como “bailar a gusto”. Buena prueba de ese sincretismo del que hablábamos antes y que se enriquece aún más al tener en cuenta que la fecha para esos ritos eran los nemontemi, los cinco días extra del calendario maya -adoptado por todos los pueblos de la meseta-, que se vivían precisamente entre enero y febrero, razón por la cual el cristianismo los asimiló al Carnaval.

Sin embargo al vestuario se le busca un origen distinto, bastante más reciente. La celebración de Carnestolendas a través de suntuosas fiestas fue cosa de españoles, primero, y criollos después, sin que los indios tuvieran acceso a ellas. Así que crearon su propio carnaval mediante ropas extravagantes y caretas que representaban satíricamente al de los blancos. Luego cada localidad desarrolló su variante: en Tlayacapán visten un traje blanco con terciopelo azul en los costados, en Tepoztlán es negro con bordes de borreguillo blanco y en Yautepec hay una sinfonía de colores, lentejuelas, plumas y cuentas.

El Brinco de los Chinelos es la danza folklórica más famosa del país y motivo más que suficiente para acercarse a verla si alguna vez se viaja allí gracias a las ofertas de vuelos a México.