estados unidos dallas
Foto: meetup.com

Un turista en Dallas entre el 9 de abril y el 30 de mayo puede pensar que se ha equivocado no sólo de destino sino de época: caballeros de armadura, damas con ricos brocados, torneos a caballo y la presencia del mismísimo Enrique VIII. Pero es normal. En realidad se trata del Scarborough Renaissance Festival, un evento que se celebra entre las citadas fechas durante ocho fines de semana seguidos y que recrea la corte del monarca inglés que centró la atención en el siglo XVI por su rebeldía ante la autoridad papal y su afición a coleccionar esposas.

Desde los años cincuenta las ferias históricas son bastante habituales en unos EEUU carentes de Historia como tal, pues su pasado salta de la Prehistoria indígena a la llegada de los Peregrinos durante el Renacimiento. Hay ferias que recrean períodos de todo tipo: la Edad de Oro de la reina Elizabeth I de Inglaterra, el Medievo, el mundo vikingo, la piratería del XVII… En 1981 Dallas escogió el reinado de Enrique Tudor y actualmente es un festival de ocio que reproduce una típica población británica de entonces, con sus casas de madera, sus cobertizos, talleres artesanos, cabellos justando a caballo, etc. En total 140.000 metros cuadrados ubicados a treinta minutos al sur de esta ciudad del estado de Texas, en Waxahachie.

Pagando los 21,99 dólares de la entrada (8,50 para niños menores de doce años), el visitante -sobre todo familias- encontrará una especie de parque temático temporal con 21 escenarios en los que más de 200 artistas realizan exhibiciones diarias de toda naturaleza: malabaristas, lanzadores de cuchillos, magos, cómicos, acróbatas, actores interpretando escenas dramáticas o humorísticas… Todos ataviados y caracterizados a la moda de entonces, con jubón, calzas y sombrero emplumado en el caso masculino, y vestido largo de pedrería con cofia en el femenino.

También hay una parte didáctica que muestra la labor de artesanos tradicionales como herreros, guarnicioneros o herradores, por ejemplo, además de una ceca para monedas, una fragua donde se fabrican armaduras y una demostración de cetrería al aire libre. En espacio acotado se monta un pequeño zoo. Y, bajo techo, un museo de monstruos y bestias míticas de entonces: trolls, sirenas y similares. En una reconstrucción de la Torre de Yorkshire, está instalada una breve historia del crimen y la labor de la justicia real.

Por todo el recinto se puede asistir a interpretaciones musicales de laúd o arpa, así como danza renacentista o gaitas escocesas. También deportes rurales de los highlanders. Que nadie se sorprenda tampoco si, al doblar una esquina, se topa con dos caballeros cruzando sus espadas en pleno duelo, un falconete disparando o al propio Enrique VIII armando caballero a un súbdito. Y, mientras los niños disfrutan montando a caballo, luchando con un dragón o intentando hallar la salida de un laberinto, entre otros juegos y concursos, los mayores pueden degustar cerveza al son de música celta o, incluso, casarse en el Wedding Garden. Centenar y medio de voluntarios se encargan de que la ambientación sea creíble aportando maquillaje y vestuario. Sólo falta la aportación del espectador y, para eso, están los vuelos económicos a esa ciudad.