
Foto por: Guillenperez en Flickr
Uno de los mayores atractivos de Egipto está al sur de la prensa de Asuán, rozando casi la frontera con Sudán. Uno de esos lugares que se suelen calificar como mágicos y que dos veces al año lo son por partida doble, al conjugar la majestuosidad y belleza monumentales con un fenómeno natural espectacular: hablamos del llamado Milagro del Sol que ocurre en octubre y febrero, en Abu Simbel.
En realidad, Abu Simbel es el rincón egipcio donde el faraón Ramsés II mandó construir dos hemispeos, es decir, templos excavados en la roca, con motivo de su victoria sobre los hititas en la batalla de Kadesh: uno a mayor gloria de sí mismo y otro -más pequeño pero al lado- en honor de su esposa Nefertari. Ambos son impresionantes e inconfundibles, aunque el suyo es más grande y presenta 4 gigantescas estatuas (22 metros de altura) de piedra arenisca guardando las respectivas fachadas y paredes recubiertas de bajorrelieves policromados.
Se erigieron entre 1284 y 1264 a.C. y paradójicamente el Nilo, que debía engrandecer su vista porque estaban justo en la orilla, se convertiría en su gran amenaza milenios después. Y es que en 1959 la construcción de la presa de Asuán suponía dejar sumergida buena parte de los monumentos de la región; si primero las arenas del desierto los habían mantenido cubiertos y a salvo, ahora eran las aguas las que podían tomar el relevo en sentido inverso.
Para evitarlo la UNESCO y varios países trabajaron para desmontarlo piedra a piedra y volver a reconstruirlo dos centenares de metros más allá, a salvo a 65 metros sobre el nivel del río. Eso sí, debieron tener cuidado en el detalle del Milagro del Sol, cuando los rayos del astro rey penetran por la entrada, atraviesan las naos e iluminan la estatua de Amón, Ra-Heractates y Ramsés divinizado, situadas en el sancta santórum, la sala más profunda; sólo Ptah queda a oscuras, como representante de las tinieblas.
Este fenómeno, astronómicamente conocido como perpendicular, dura 20 minutos y ocurría 61 días antes y después del solsticio de invierno, los mencionados 21 de octubre y 21 de febrero, fechas en las que se celebraban respectivamente los aniversarios de la coronación y el nacimiento del megalómano faraón. Con el obligado traslado de lugar también fue necesario un cambio en el calendario y hoy el Milagro del Sol se produce los días 22 de octubre y 20 de febrero.
Un evento que se acompaña con un festival (espectáculos, música, teatro, baile, gastronomía típica) acorde a un monumento arquitectónico que hoy está catalogado como Patrimonio de la Humanidad y bien merece una visita, sea cuando sea. No faltan vuelos baratos a Abu Simbel, localidad que tiene su propio aeropuerto.
















